Partiendo de la idea de que no recibimos suficiente pedagogía sobre nuestra propia muerte ni sobre cómo afrontar la muerte de personas cercanas, este proyecto propone ampliar el conocimiento sobre los rituales funerarios y la gestión de los cementerios en distintas partes del mundo. Este planteamiento no solo pretende abordar el aspecto cultural de la muerte, sino también cuestionar las prácticas dominantes que perpetúan una desconexión entre los humanos y los ciclos naturales. A través de esta investigación, se busca imaginar nuevas prácticas que permitan evadir la industria funeraria tradicional, reducir la huella ecológica y restablecer los vínculos entre el ser humano y los demás seres vivos.
Para dar forma a estas reflexiones, la artista Nathalie Rey presenta una serie de obras y actividades que abordan la muerte como una cuestión fundamental que funciona como nexo de unión entre todos los seres vivos. Con esta aproximación, Rey no solo nos invita a repensar nuestra manera de concebir el final de la vida, sino también a imaginar formas más sostenibles y conscientes de enfrentarla.
Nathalie Rey es una artista de origen francés afincada en Barcelona que tiene formación académica en diferentes campos de las humanidades, como la Arquitectura, la Literatura y las Bellas Artes. Esta mezcla de referentes se refleja en su producción artística, heterogénea técnica y estéticamente. No obstante se aprecian ciertas constantes en su obra que van desde el trabajo con materiales naturales y reciclados, o la presencia del propio cuerpo de la artista, hasta el uso de un particular tono ingenuo a la par que irónico.
Hace varios años, Rey comenzó una investigación sobre el duelo, inspirada por las restricciones impuestas a los ritos funerarios durante la pandemia de COVID-19. Este momento histórico evidenció cómo el distanciamiento forzado y la deshumanización de los procesos funerarios pueden dejar una huella emocional profunda. La exposición Vivir bien, Morir bien, nos presenta los resultados de esta exploración, planteando una aproximación innovadora al concepto de muerte sostenible. Con esta propuesta, Rey se propone romper el tabú que rodea a los procesos de la muerte y evidenciar su carácter predominantemente mercantilista y contaminante en nuestra sociedad. Asimismo, busca sensibilizar al público sobre opciones ecológicas y accesibles que pueden reducir la huella ecológica de los entierros y cremaciones en nuestro territorio a partir de procesos más baratos y más justos.
Actualmente, en el Estado español, las prácticas funerarias están regidas por una ley mortuoria de la época franquista, desactualizada y restrictiva, que anula la implementación de alternativas sostenibles. En contraposición, otros países han comenzado a adoptar enfoques innovadores en la gestión de los cementerios, favoreciendo espacios naturales sobre los tradicionales cementerios de hormigón. Estas propuestas buscan transformar los espacios funerarios en ecosistemas vivos, donde la interacción entre personas, animales y plantas se desarrolle en armonía con la naturaleza.
Siguiendo las ideas del filósofo francés Henri Bergson, este proyecto concibe la vida como una materia orgánica finita que está en constante transformación. Las nociones de muerte, duelo y pérdida nos ayudan a entender cómo la vida cambia y evoluciona en el planeta, subrayando la necesidad de una consciencia ecosófica. En este contexto, la obra de Nathalie Rey explora el ecosistema del cementerio con todos los elementos que en él intervienen: las tumbas, los cuerpos, la vegetación, los animales, los productos de limpieza, los visitantes y los ritos. A través de comparaciones entre prácticas locales y propuestas de gestión funeraria ecológica en otros países, la artista presenta una visión de la muerte en que todos los agentes están íntimamente conectados: las personas, las plantas y los animales dependen unos de otros, se modifican entre sí y modifican todo el ecosistema.
Una de las piezas centrales de este proyecto es el video-performance titulado El cuerpo que pasa (2024). En esta obra, la acción es protagonizada por la propia artista. La performance comienza con Rey emergiendo de un ataúd biodegradable fabricado con lana. Acto seguido, se posiciona en el interior de un hoyo cavado en la tierra, donde un chorro de arena, similar al flujo de un reloj de arena, comienza a cubrirla lentamente. En una segunda parte, la acción evoluciona cuando Rey empieza a zafarse de sus vestiduras, capas que se asemejan a finas membranas rasgadas, hasta quedar completamente desnuda. En este estado, su cuerpo sirve como pantalla donde se proyectan gusanos, flores silvestres y, finalmente, un árbol que crece hasta cubrir toda la escena. La obra culmina con la desaparición de Rey, simbolizando el retorno del ser humano a la naturaleza. Esta performance representa una poderosa reflexión sobre la mortalidad, la regeneración y la interconexión de todos los organismos vivos.
Además del video-performance, la exposición incluye otras obras y actividades que invitan al público a participar activamente en el debate sobre la muerte y la sostenibilidad. Conferencias científicas y visitas guiadas al cementerio de Poble Nou con paseo fotográfico son algunas de las propuestas que buscan involucrar a la comunidad y fomentar una mayor comprensión de las alternativas existentes.
Este proyecto también enfatiza la importancia de cuestionar las narrativas culturales que perpetúan el miedo y el tabú en torno a la muerte desde una perspectiva artística. La exposición Vivir bien, Morir bien no solo invita a reflexionar sobre nuestras práctica actuales, sino también a imaginar un futuro donde la muerte sea entendida como una parte natural y esencial de la vida, en armonía con el medio ambiente y con un enfoque más humano y equitativo.
En un mundo cada vez más consciente de los retos medioambientales, iniciativas como esta subrayan la necesidad de repensar incluso los aspectos más tradicionales de nuestra existencia. Al integrar la muerte dentro de los ciclos naturales y cuestionar las estructuras que la convierten en un negocio, Nathalie Rey nos impulsa a reconsiderar nuestras elecciones y a buscar formas de vida (y muerte) más conscientes, sostenibles y conectadas con el mundo que nos rodea. Este proyecto es un recordatorio de que, al final, todos somos parte de un mismo ciclo vital, y nuestra manera de afrontarlo puede marcar una diferencia significativa para las generaciones futuras.
* Publicado originalmente como hoja de sala para la exposición Vivir bien, Morir bien de Nathalie Rey, dentro del ciclo Temporals, Barcelona.
